Lo adelantamos en nuestra previa, la lluvia podría convertirse en la protagonista en la carrera de MotoGP pero no esperábamos que fuese para tanto. Pensábamos entonces que su aparición podría provocar resultados inesperados, pero nunca que el gran premio se cancelase por el lamentable estado de un asfalto que ha sido reasfaltado esta misma temporada y que no parece tener en el drenaje su punto fuerte, algo que debería ser justo al contrario.

Lo de Silverstone también lo había vaticinado Carlos Sainz Jr, tras a disputa de los primeros entrenamientos libres del GP de Fórmula 1. El español no se quejaba entonces de los problemas de adherencia en mojado sino de los baches que no habían sido arreglados con el nuevo asfalto. Decía entonces que "esperaba un trabajo similar al realizado en Barcelona, pero todo lo contrario, el circuito había quedado en peor estado y aunque a los coches no les afectaba demasiado lo sentía por los pilotos de MotoGP".

Según la opinión de los pilotos, el drenaje es el problema pues es tal la cantidad de agua que se acumula sobre el firme que el aquaplaning es constante, incluso en la recta de meta, en donde algunos pilotos se iban contra el muro al perder el control. Esto es en parte lo que le ocurrió a Alex Rins el sábado, durante el FP4 instantes antes de la lesión de Rabat. El de Suzuki se vio obligado a saltar de su moto a 200 km/h al ver que sus frenos no podían evacuar el agua e iba directo contra el muro. Se levantaba milagrosamente sin un rasguño y ni corto ni perezoso se ponía a avisar al resto de pilotos de que aflojaran para que no les ocurriera lo mismo. Desgraciadamente, Rabat se iba al suelo y la moto de Morbidelli le golpeaba con violencia, produciéndole distintas fracturas en fémur, tibia y peroné.

La grave lesión de Rabat era el toque de atención para pilotos, que ya veían a uno de los suyos fuera de combate. Se decidía entonces que la carrera de MotoGP se disputase a las 12:30, pues la previsión meteorológica era mejor. Pero el domingo la lluvia volvía a hacer acto de presencia y si bien el warm-up de las tres categorías se realizaba en seco, poco antes de la carrera de MotoGP el agua dejaba el trazado impracticable.

Comenzaba entonces el bochornoso espectáculo que nos ha tocado vivir, con las distintas partes buscando culpables y repartiendo responsabilidades, anunciando continuos aplazamientos mientras se miraba al cielo como pidiendo tregua. Para entonces, los pilotos ya iban componiendo su bloque, pues al fin y al cabo son los que se juegan la vida en la pista. 

Finalmente, prácticamente la totalidad de ellos decidían no correr en Silverstone. Jack Miller era uno de los que sí estaba dispuesto a salir, mientras que Rossi aceptaba lo que dijera la mayoría. Es una buena noticia que por fin sean ellos los que tomen una decisión de este calibre, pues ellos son los que mejor saben si un circuito es seguro o no.

La mala noticia es que Rabat estará de baja una buena temporada, un daño mucho mayor que el de la decepción de los numerosos aficionados británicos que se quedan sin disfrutar de un fin de semana de carreras por culpa de la lluvia. Qué paradójico todo, como si en las islas no fuesen frecuentes las precipitaciones, pero debería llamar la atención de aquellos que se quejan de que hay demasiadas carreras en España. Igual es que el estado de nuestros circuitos están por encima del de otros sitios.

Otra conclusión negativa tras lo acontecido en Silverstone es que parece increíble que un campeonato de esta envergadura no tenga previsto qué se hace en un caso como éste. Está claro que hay que actuar pensado siempre en la seguridad de los pilotos e intentar en todo momento evitar la cancelación, sobre todo el de la carrera de MotoGP en detrimento de las otras categorías. Pero lo que no es de recibo es que se barajen posibilidades, como la de correr el lunes, sin saber si es factible o no. La organización debería tener previstas todas estas circunstancias y el plan B tiene que ser algo que esté regulado.