Los helicópteros Pegasus de la DGT han estado una temporada sin volar. Eso significa que no han estado persiguiendo infracciones. Ahora la empresa Eliance Global Service se ha hecho cargo del servicio con un contrato de 38 meses que está valorado en 51,1 millones de euros y que podría prorrogarse otros 22 meses más ascendiendo la cifra hasta los 83,2 millones y se espera que los helicópteros estén operativos antes de que acabe el año.

Este presupuesto deja en manos de la empresa tanto el mantenimiento integral como la gestión logística, el pilotaje y la formación de los equipos encargados de operar los helicópteros que además vuelven al cielo con nuevos sistemas giroestabilizados de grabación para una mayor precisión a la hora de captar infracciones y medir velocidades desde el aire.

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Y es que con el radar que equipan estos helicópteros son capaces de detectar excesos de velocidad a 300 metros de altura y hasta a un kilómetro de distancia. Para ello el helicóptero se sitúa en la zona a controlar, el GPS obtiene las coordenadas y el telémetro mide la distancia y registra las posiciones cada tres segundos. A partir de eso se calcula la velocidad media y determina si hay u exceso o no. En caso de detectar una infracción el propio sistema se encarga de grabar las imágenes y enviar la denuncia directamente.

Pero esta avanzada y cara herramienta no es la única que la DGT tiene para “cazar” a quienes cometen infracciones. En los últimos años ha ido evolucionando el resto de herramientas y las hay casi para todo tipo de infracciones mucho más allá de exceder los límites de velocidad.

Radares de velocidad: diferentes tipos, mismo objetivo

Aun así, los más populares son estos radares de velocidad de los que hay varios tipos. El primero es el radar fijo, el que está en puntos concretos de nuestras carreteras, autovías y autopistas, si son entornos urbanos ya no pertenecen a la DGT sino a otros organismos locales, y están siempre en el mismo punto. Son totalmente automáticos, están señalizados y en caso de un exceso de velocidad con los sensores envían la imagen a la DGT para comenzar el proceso sancionador.

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También son muy populares los radares móviles, que si bien funcionan técnicamente de una manera similar a los fijos están o montados en vehículos o se transportan y colocan en lugares aleatorios. Además pueden estar ocultos, por lo que los conductores pueden no verlos y por tanto es más complicado evitarlos.

Pero estos no son los únicos métodos que se emplean para medir las velocidades y sancionar infractores por exceso de velocidad. Porque hace menos años que los radares de velocidad, que en España empezaron a funcionar a finales de los años sesenta, están los radares de tramo. El primero se instaló en 2010 y controla la velocidad media del vehículo entre dos puntos diferentes. Esto evita los frenazos para evitar “la foto” e inicialmente se instalaron en autopistas y autovías aunque su funcionamiento se está extendiendo a las carreteras convencionales tras la prohibición de superar el límite de velocidad para adelantar.

Drones, cámaras y otras herramientas de control

Ya fuera de los radares en sí está la vigilancia de otro tipo de infracciones y ahí encontramos también nuevas tecnologías aplicadas a ello. En los últimos tiempos la DGT recurre a drones para los controles en carretera que son capaces de vigilar adelantamientos indebidos, conducciones temerarias, usos de teléfono móvil, no llevar cinturón o casco…

Esto mismo sucede con las cámaras de vigilancia específicas para detectar el uso del móvil y del cinturón. En el caso del uso del móvil solamente se aplica a un uso por parte del conductor, pero el uso del cinturón se extiende a los pasajeros también y las cámaras, gracias al uso de inteligencia artificial y capacidad de reconocimiento. Igualmente también hay cámaras que leen las matrículas y controlan si se dispone de la ITV y el seguro en vigor.

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Si nos fijamos en otros tipos de controles, más vinculados a los ayuntamientos que a la propia DGT aunque a veces son compartidos, están los radares de semáforo que detectan si un vehículo cruza la línea de detención con el semáforo en rojo aunque esto afecta solamente a las ciudades. De la misma manera y aunque se están implantando en fase de pruebas, los denominados radares sonoros que multan a quienes exceden los límites de decibelios permitidos. El funcionamiento en ambos casos es tras detectar la infracción captar una imagen que es la que se remite junto con la multa.

Así pues, además de los helicópteros son muchos otros los sistemas activos a los que hay que sumar, por supuesto, las propias patrullas.