Triumph sigue afinando una estrategia que, a la vista de los resultados, le está funcionando especialmente bien: crecer hacia abajo sin diluir su identidad. La marca británica amplía su gama de 400 cc con dos nuevos modelos que no solo completan la familia Modern Classics, sino que lo hacen con una carga simbólica importante. La nueva Tracker 400, de inspiración flat-track, y la Thruxton 400, heredera directa del imaginario café-racer, comparten base técnica pero interpretan de forma muy distinta el ADN de Hinckley.

Ambas llegarán a los concesionarios españoles en marzo de 2026 y lo harán apoyadas en la versión más potente del motor TR-Series de 398 cc, que ahora alcanza los 42 CV. Pero más allá de cifras, lo relevante es el enfoque: Triumph no se limita a “vestir” una plataforma existente, sino que adapta chasis, ergonomía y carácter dinámico para que cada modelo tenga sentido por sí mismo.

Triumph Tracker 400 2026

Precio: 6245 € | Peso: 173 kg | Potencia: 42 cv | Motor: 398 cm³

Triumph Thruxton 400 2026

Precio: 6495 € | Peso: 176 kg | Potencia: 42 cv | Motor: 398 cm³

Dos estilos, una misma lógica

La Tracker 400 supone la primera incursión directa de Triumph en el universo flat-track dentro de esta cilindrada. Su estética es limpia, contundente y reconocible, con elementos muy marcados como la tapa de colín, el porta-dorsales con el número 400 o la cúpula frontal que enmarca el faro redondo LED. El depósito, de líneas más cuadradas, y las llantas específicas con neumáticos Pirelli MT60 RS refuerzan una silueta que busca personalidad antes que nostalgia.

Esa intención se traslada también a la ergonomía. El manillar, más ancho y bajo que en la Speed 400, junto con unas estriberas retrasadas y elevadas, construyen una postura erguida pero activa, muy en la línea de lo que se espera de una moto con guiños al flat-track. La altura del asiento, situada en 805 mm, y un arco de pierna estrecho hacen que el modelo sea accesible para un abanico amplio de usuarios.

En la parte ciclo, la Tracker estrena un chasis específico y apuesta por una configuración pensada para ofrecer agilidad sin perder estabilidad: horquilla invertida de 43 mm, monoamortiguador ajustable en precarga y una frenada presidida por una pinza radial de cuatro pistones sobre un disco delantero de 300 mm. Detalles como el basculante de aluminio o el cableado oculto refuerzan una sensación de producto cuidado, algo habitual en Triumph incluso en sus modelos de acceso.

El motor TR-Series es el mismo que en la Thruxton, pero con una puesta a punto que busca una respuesta viva en la zona alta del cuentavueltas sin perder suavidad a bajo régimen. Con 37,5 Nm de par y el 80 % disponible desde solo 3.000 rpm, se busca que la entrega sea progresiva y fácil de dosificar. El acelerador electrónico, el embrague asistido, el control de tracción desconectable y el ABS completan un conjunto tecnológico discreto pero bien integrado.

El regreso de un nombre con peso propio

Si la Tracker representa una novedad conceptual, la Thruxton 400 juega en otro terreno: el de la reinterpretación de un icono. El nombre Thruxton no es uno cualquiera dentro del catálogo de Triumph, y trasladarlo al segmento de acceso implicaba un ejercicio de equilibrio delicado. El resultado es una café-racer de líneas limpias, compacta y con un claro enfoque deportivo, pero sin caer en la caricatura.

El carenado frontal integrado, el depósito esculpido y los retrovisores anclados en los extremos del manillar definen una postura adelantada que se ve reforzada por los semi-manillares, notablemente más bajos y estrechos que en la Speed 400. Las estriberas retrasadas completan una posición que invita a cargar peso sobre el tren delantero, sin resultar extrema. Con 795 mm de altura de asiento, la Thruxton mantiene además un punto de accesibilidad que amplía su público potencial.

Dinámicamente, el planteamiento es coherente con su estética. Horquilla invertida de 43 mm, monoamortiguador ajustable y un equipo de frenos idéntico al de la Tracker, pero combinado con neumáticos Pirelli Diablo Rosso IV, más orientados a una conducción deportiva sobre asfalto. El chasis específico y la geometría afinada buscan una respuesta más directa y precisa, sin perder el carácter amable que se espera de una 400 cc moderna.

El motor TR-Series, con sus 42 CV a 9.000 rpm, ofrece aquí una experiencia algo más incisiva, acompañada por una sonoridad que remite al imaginario clásico de la marca. A nivel tecnológico, la receta es similar: control de tracción desconectable, ABS, embrague asistido y un cuadro que combina instrumentación analógica con pantallas LCD, manteniendo ese equilibrio entre tradición y funcionalidad actual.

Con precios desde 6.245 € para la Tracker y 6.495 € para la Thruxton, cuatro años de garantía sin límite de kilometraje y unos intervalos de mantenimiento competitivos, Triumph ofrece a los usuarios del A2 dos opciones diferentes y especiales.