Al megascooter deportivo por excelencia ya le tocaba presentar algo nuevo, y por fin Yamaha ha tocado lo que todos esperábamos, el motor. Hace años que muchos aficionados al mundo del megascooter reclaman más potencia pero Yamaha no estaba, ni está, dispuesta a romper el logrado equilibrio de este vehículo. Y lo ha dejado bien claro al haber aumentado ligerísimamente las cifras de potencia y par: 2 CV más hasta los 45 y 52 Nm que suponen 10% más. Quizás esto sea lo más interesante porque va a tener un mejor rendimiento a medio régimen gracias a ése incremento de par. Esto se ha conseguido, no sólo gracias al mayor cubicaje que pasa de 499 cc a 530 cc, sino a muchas otras modificaciones que este nuevo motor presenta respecto al anterior: pistones forjados en aluminio, cámara de combustión pentagonal, árbol de levas rediseñado, aspiración de escape totalmente revisada, con el colector de resina en lugar de aluminio, cuerpos de inyección de 34 mm, cárter con mayor capacidad, e incluso ha cambiado la transmisión que abandona la doble cadena para adoptar un sistema convencional de correa, como cualquier otro scooter y fabricada en kevlar.Todos estos cambios consiguen un ahorro de 4 kilos de peso, gracias a las dos cadenas que se suprimen y al basculante de aluminio, igual que el chasis, heredado del otro modelo. La pata de cabra es de aluminio forjado y también contribuye a la dieta de adelgazamiento.

Muchísimas modificaciones que actualizan totalmente el motor y por eso nos preguntamos porqué no se ha buscado más potencia, pues en carretera, a la hora de afrontar viajes se queda un poco justo. Sus razones tendrán...

El equipo de frenos mantiene sus estupendos componentes como la pinza delantera monobloque pero con una leve mejora, y es que el disco posterior aumenta el diámetro hasta los 282 mm. Mantiene el sistema ABS como opción para una mayor seguridad activa.

Lo realmente llamativo es el cambio de diseño porque se muestra continuista pero con líneas todavía más angulosas, en mi opinión con menos sensación aerodinámica. Si la versión 2007 perdió personalidad estética, esta va en la misma línea pero es sólo una opinión. Apuesto a que a la gente le encantará. Es una lástima que cada vez los megascoters se parezcan más salvo raras excepciones, como el Aprilia SRV 850 que también debuta en Milán.

Ergonómicamente lo que más destaca es la nueva pantalla parabrisas, más pequeña pero regulable manualmente en dos posiciones. Yamaha dice que el menor no incide en una menor protección. De todas formas, es de muy agradecer que se pueda variar la altura. Bajo el asiento sólo acoge un casco integral pero sí han variado las guanteras pues dispone de dos y una tiene 20 cm de profundidad y cuenta con cerradura.

La nueva instrumentación, las nuevas llantas de cinco palos, las nuevas ópticas y los colores rematan un renacido T-Max que da un pasito hacia delante para mantenerse como referencia aunque perdiendo estilo y presentándose un tanto “macarra”.