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En positivo

  • Prestaciones
  • Estabilidad a alta velocidad
  • Posición de conducción

En negativo

  • Peso
  • Poco espacio de carga
  • Suspensión blanda

Único

Si hay un scooter que marca territorio ése es el GP800. Con sus 75 CV como tarjeta de presentación, no tiene rival en cuanto a velocidad máxima. Y aunque estéticamente es más bien discreto, el nuevo blanco ya no le hace pasar tan desapercibido. Y al verlo por la calle muchos son los que admiran la espectacular propuesta de Gilera. Y no saben muy bien qué están mirando. ¿Un scoter o una moto con mucho plástico? Lo cierto es que se trata de un scooter pero con un innegable toque de moto. Cualquiera que vea su transmisión por cadena puede confundirse y pensar que es una moto. Pero a poco que nos fijemos bien, nos daremos cuenta de que su cómodo puesto de conducción no puede responder a otra cosa que a un scooter. Para acompañar esta nueva versión se introducen ligeras mejoras como unas nuevas pastillas para optimizar la frenada o la apertura del asiento mediante un botón que se ha situado junto al manillar para facilitar la operación.

Por lo demás estamos ante el mismo portento que nació allá en 2007 alrededor de un motor bicilíndrico en V a 90º Es el que se lleva todo el protagonismo porque le da fama y poder: el poder que dan 75 CV y la fama de ser el scooter más veloz jamás salido de una cadena de montaje. Pero un motor no basta por sí sólo, un buen scooter necesita muchas más cosas para hacerlo apetecible ya que hoy en día la velocidad ya no es tanto un prestigio, sino para muchos es incluso un inconveniente. Tiene muchos otros alicientes y otras cosas que podrían mejorar o simplemente ser diferentes pero ya no estaríamos ante el GP 800.

Los scooters nacieron para la ciudad pero su evolución los lleva cada vez más lejos. El GP 800 es el perfecto ejemplo de un vehículo que ya no se conforma con la urbe sino que tal y como ha sido concebido, puede con todo. Aunque hay matices que lo hacen más recomendable para unos escenarios que para otros:



En ciudad

Se mueve con soltura entre coches aunque si los espacios son muy pequeños los kilos y la distancia entre ejes comienzan a pasar factura. Pese a ello se mueve muy dignamente en ciudad pues se beneficia de una carrocería más bien estrecha y larga. Los espejos retrovisores pasan bien entre coches y a pesar de no ser grandes, brindan una visibilidad correcta. Aunque el GP800 es algo así como un león enjaulado llevándolo por ciudad. Su carácter pide metros por delante. Ayuda mucho a dosificar todo el empuje la excelente conexión entre el motor, la ruidosa transmisión y el puño acelerador. Las salidas y aceleraciones son fulgurantes si así lo queremos pero tenemos control absoluto en todo momento. En ello ayudan los frenos que se deben emplear muy a fondo para detener tantos kilos en movimiento. Sufren pero aguantan. Sus 75 CV de potencia no intimidan, aunque requieren tacto y pericia para administrar la caballería que llega de golpe si retorcemos el puño a conciencia. Está bien  hacerlo de vez en cuando para sentir su poderío pero otros escenarios son más adecuados para este elegante velocista.

En la faceta práctica el hueco para un casco integral ayuda pero se queda un poco escaso  al tratarse de un scooter. Tampoco dispone de ninguna guantera en el macizo contraescudo donde está el bloqueo del freno trasero. La gomita del tirador tiende a abandonar su posición. Ojo con perderla que luego se complica la operación.



Por autovía

Cuando dejamos la ciudad comenzamos a disfrutar del motor y en general de la parte ciclo pero surgen algunas carencias. Como, por ejemplo, la protección aerodinámica. Da igual que posicionemos la pantalla regulable eléctricamente en la posición más alta. El aire entra a la altura del casco y molesta un poco. En general, al frontal le falta presencia de más carrocería para que proteja como hacen otros megascooters.

La posición de conducción es muy cómoda, permitiendo llegar todo lo lejos que estemos dispuestos a aguantar la no muy efectiva protección frontal. No es un concepto turístico pero podemos viajar sin problemas. El pasajero dispone de un puesto amplio y cómodo gracias a la buena posición de las estriberas. Las suspensiones también cuentan con una tarado suave como un aliado más para viajar cómodo. Pero a la vez penalizan un poco cuando necesitamos un firme apoyo si el ritmo es alto, y eso pasa con cierta facilidad. Desentonan un poco respecto al carácter deportivo que transmite el GP800 en otros aspectos. Y sobre todo uno muy importante: la potencia. No es recomendable apurar mucho en las frenadas porque a la horquilla se le amontona el trabajo con tantos kilos que se le echan encima frenando.

Lo que de verdad da gusto es sacar todo el genio del motor con buen asfalto y espacio por delante. Sigue la línea que marcamos con decisión, perfectamente alineado, y transmitiendo una gran sensación de seguridad. Es cuando más se disfruta de su potente zancada y la deportiva constitución de fábrica. De serie no hay ningún otro scooter capaz de darte esto que en esos momentos te está dando el GP800.

El depósito de combustible de permite cubrir distancias de hasta 315 kilómetros, una autonomía que no está nada mal para un scooter.

En carretera de montaña

La sensación de que el GP800 pesa de delante un poco más de la cuenta se hace más patente al tener que transferir masas enlazando curvas. Los frenos y las suspensiones, especialmente la horquilla, tampoco ayudan para ir al límite pero es cuestión de calibrar dónde está el suyo y dónde el nuestro. Porque requiere el componente físico además de nuestras habilidades para llevarlo por donde queremos. Por supuesto entre curva y curva volamos. Hace trabajar pero también disfrutamos lo nuestro.

Conclusión

Sólo hay un scooter capaz de rivalizar con las extraordinarias aptitudes del GP800. Es el Yamaha T-Max 500 que impone equilibrio y razón frente a desmesura y pasión. El Gilera es un típico producto italiano que se compra más con el corazón que con la cabeza. Por eso es un scooter con ramalazos de moto y por eso cuesta lo que cuesta. Detalles de calidad no le faltan como por ejemplo el monoamortiguador Sachs trasero regulable, o su pequeña y vistosa pantalla parabrisas, también regulable de forma eléctrica. Y por supuesto las transmisión por cadena, un detalle único. Si bien criticada con razón por algunos debido al mantenimiento que conlleva, aplaudida por nosotros porque es cierto pero libera al motor de las funciones basculantes y esto hace que el comportamiento sea más parecido al de una moto. Si buscas algo muy potente y diferente, el GP800 te da esa exclusividad en un envoltorio discreto y a la vez deportivo. Además Gilera ofrece accesorios de hacerlo más práctico y domesticarlo para el uso urbano que casi todo el mundo le da a un scooter, independientemente del tamaño que tenga.