Estamos ante una café racer muy poco convencional, pues la compañía californiana que dirige Gustavo Pena busca siempre los extremos y el mayor impacto visual posible en sus creaciones, y una vez más lo ha conseguido.

“Le Caffage” muestra cómo el pasado y el futuro pueden entenderse si tu mente está abierta a la fusión de estilos y elementos integrados con armonía y un buen plan como este, donde el chasis multitubular de la Ducati juega un papel estético fundamental y por eso ha sido retocado por Gustavo para buscar unas medidas más tradicionales y de paso rematarlo con un asiento minimalista que integra una delgada lámpara de led's trasera.

Como contrapunto encontramos el depósito de combustible que constituye otro punto de gran interés visual por su voluptuosidad, en un claro guiño a las café racers tradicionales. Las salidas de escape gemelas de acero inoxidable modeladas de forma artesanal resultan también indispensables en las sinuosas líneas generales.

El motor desmodrómico ha sido mejorado gracias a elementos de NCR como válvulas de titanio, material del que está hecha buena parte de la tornillería del propulsor. Los pistones son de Ferracci y la biela de Pankl.

Abunda la fibra de carbono como en los guardabarros que rodean las llantas forjadas Marchesini o la máscara que contiene el faro delantero procedente de un BMW i8 y que para nosotros es el elemento que distorsiona un poco la armonía general, o mejor dicho que no acaba de gustarnos, pero se le perdona porque el autor lo justifica asegurando que se inspiró en los carrillos de su novia rusa para diseñarlo.