Hay pueblos con encanto para conocerlos y punto, pero también hay pueblos con encanto a los que ir una y otra vez porque no sólo son agradables de ver, sino también de disfrutar por algún motivo. Este es el caso de Liérganes, que a la belleza de sus casas montañesas, la Leyenda del Hombre-Pez y a la apabullante belleza natural de su entorno, suma el placer de la gastronomía que se puede disfrutar en reputados restaurantes como El Bodegón, El Hombre Pez, La Juguetería, El Ojo del Ábrego, La Giraldilla, etcétera.

tras un paseo en moto hasta Liérganes unas rabas y un blanco son la recompensa perfecta
En esta ocasión fui con mi Suzuki Van Van a disfrutar del santo aperitivo con unos buenos amigos, otra de las cosas que se hacen muy bien en Liérganes y no sólo por la calidad de los productos locales, sino también porque incluso cuando el tiempo parece no acompañar hay muchas alternativas para disfrutar de un bocado y un refrigerio. Abundan por aquí los bares en los que merece la pena entrar aunque sólo sea para pasar un rato entretenido con la decoración, unas veces por su buen gusto, otras por lo peculiar y en bastantes casos por ambas razones.

Las rabas en La Puerta del Sol regadas con un vino blanco o un vermut de solera son un clásico, lo mismo que las albóndigas adictivas de Picos, uno de los pubs míticos de Cantabria innaugurado por unos ultramodernos de la época allá por 1967, y donde además de tener una fantástica terraza en su jardín interior es punto de reunión para los apasionados de las motos y la buena música, el primero de todos su propietario. Incluso tiene un altar dedicado a su amada BMW R90S y con eso lo digo todo.

Pero como empezábamos diciendo, otro de los grandes atractivos del aperitivo el Liérganes es llegar hasta allí en moto. Disfruté con mi Suzuki Van Van la carretera que empieza en La Cavada, cruzando el arco dedicado a Carlos III y enfilando la CA-162 que discurre paralela al río Miera durante 4 kilómetros.

En carreteras secundarias como esta la Van Van se mueve feliz, sobradamente al ritmo del tráfico. Su motor es justo lo que necesita,  velocidades entre 60 y 80 km/h, rango en el que me gusta mucho cómo responde y recupera, así como su consistencia para mantener el ritmo sin "acochinarse" ante un repecho. Las curvas hacen necesario un uso constante del cambio de marchas, preciso y fácil, así como de los frenos, suficientes para las prestaciones de la moto, aunque en este tipo de carretera es mejor no confiarlo todo al pequeño disco delantero y su compadre el tamborcillo trasero, no vaya a ser que les metamos en un apuro innecesario. 

Este es sólo el preludio de las sinuosas y bien asfaltadas carreteras que jalonan los alrededores, fantásticas para disfrutar al ritmo de la Van Van gozando con la vista del paisaje: de Liérganes a San Roque de Río Miera, de La Cavada a Arredondo por el puerto de Alisas… y decenas de maravillosas rutas más.


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