Pocos pueden presumir de poseer la moto más cara del mundo, título que podría adjudicarse Ecosse, aunque en cuestión de precio es muy fácil que alguien decida superarlo todo. Su único modelo es la Heretic, que se fabrica bajo pedido y goza de componentes y acabados de la máxima calidad y exclusividad. La pasión por los detalles salta a la vista y basta con observar la galería de fotos para comprender que la Ecosse Heretic no se mezcla con la plebe ni tan siquiera en los pulsadores de los intermitentes. El “no va más” es la serie limitada Titanium, que como su nombre indica está realizada en este ligero y costoso material, o al menos el chasis, pulido para que se aprecie el alarde con su oscuro tono metálico natural, lo mismo que los escapes. Las suspensiones, de por sí extraordinarias y firmadas por Öhlins en la Ecosse, en la versión Titanium son las mismas tipo TTX que se emplean en MotoGP. Su peso es de 200 kilos, cinco kilos inferior al de la Heretic con chasis de acero… y si merece o no la pena, lo dejo al gusto de cada cual.

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El motor comparte la configuración V2 a 45 grados y la refrigeración por aire con el clásico bicilíndrico de Harley-Davidson, pero nada más que ver. Está realizado en aluminio, el cambio ofrece seis velocidades y los cilindros albergan enormes pistones que aumentan la cilindrada hasta 1.966 centímetros cúbicos y permiten un rendimiento de 130 caballos y 185 Nm de par a la rueda trasera. En el caso de la Titanium se llega a 2.150 cc. y en consecuencia la potencia crece hasta más allá de los 200 caballos con un par de 271 Nm.

Tanto el depósito como las llantas están realizados en fibra de carbono y el equipo de frenos es una auténtica obra de arte: pinzas ISR mecanizadas en una sola pieza y con seis pistones dotados de pequeñas pastillas individuales -¡seis por pinza!- pero total, quien se paga este capricho, ¿creéis que va a perder el tiempo en el noble arte de hacerle personalmente el mantenimiento a su moto? Que cobren lo que sea en el taller, pero que la dejen perfecta y sin una mota de polvo. Además cuenta con un mando que permite regular la presión enviada por la bomba y por tanto ajustar la potencia de frenada al gusto del cliente en cualquier momento.
Evidentemente su precio es directamente proporcional al derroche de caprichos técnicos y esta “golosina” sale por más de 65.000 euros en configuración “estándar” (Iconoclast) y nada menos que 273.200 dólares (casi 210.000 euros) en la versión “titánica”; eso sí, te regalan un reloj BRM exclusivo, como cuando compraste tu primer coche y te pusieron las alfombrillas.

Como ves, para tener una Ecosse no vale con que te toque la lotería… ¡tiene que ser un premio realmente gordo! Y hay más dificultades. Las motos se fabrican en series muy cortas, por lo que deberás apuntarte a una lista de espera y contener  tu impaciencia durante unas ocho semanas. Eso para acceder a la Ecosse Heretic Iconoclast, la serie actualmente a la venta y de la que sólo realizarán 11 unidades. Su único representante para Europa se encuentra en Gran Bretaña (ver web) y seguro que estarán encantados de atenderte…