Un hombre de negocios ruso afincado en Bulgaria llega a las instalaciones de Vilner Custom Bike en la capital, Sofía, con un buen fajo. Se trata del mayor coleccionista de motos de este país (no sé porqué me viene Borat a la cabeza…) y expuso lo que quería. Le dijeron que faltaría más, llamaron a los diseñadores de BG Studio y les dijeron: “hay que hacer algo muy búlgaro”, pero no les debieron entender bien y lo que hicieron fue algo muy vulgar que ahora os mostramos. Reconocemos nuestra total falta de escrúpulos, pero es para que vosotros también aprendáis con dolor y entendáis porqué con el dinero -sólo- no se puede comprar el buen gusto.

Lo peor es que ni siquiera se han parado a modificar la mecánica o las suspensiones para justificar el atentado; es un… “ejercicio de estilo”. Seis meses les llevó hacer las 17 piezas con las que se cargaron la equilibrada estética de la BMW F 800 R original. Nueve son de fibra de carbono y ocho de aluminio.

Como ya preveían que iba a ser difícil que el propietario convenciese a alguien para que se montara en esta moto le instalaron un colín monoplaza más burdo que estilizado. Y para acabar de reventar el aspecto de la moto colocaron unas toscas tapas laterales, puro carbono y que se vea, para tapar el motor ya que estaba al aire. En estas tapas se les ocurrió colocar los escudos de BMW originales del roadster Z4 y que desprenden luz por su contorno para hacer de intermitentes.

Pero uno de los detalles más impresionantes es la iluminación con tecnología bi-xenón y que desprende una sombra roja, circunstancia que siempre dará conversación a un millonario ruso. El escape está realizado de forma artesanal por BG Studio a juego con el resto de la moto y lo más impresionante es que, a pesar de todo el despliegue de carbono y aluminio, la Vilmer Predator pesa 6’5 kilos más que la F 800R original. En definitiva esto es bastante peor que lo de la prima de riesgo. Lo único bueno es la búlgara de las fotos, aunque para rematarlo parece que se ha torcido el tobillo y no puede levantarse... En fin, hay días aciagos.